La serie surcoreana *El Juego del Calamar* capturó la atención del mundo del entretenimiento con su cierre, consolidándose como una de las producciones más exitosas en Netflix al volverse la más vista de la plataforma en menos de una semana. A pesar de las diversas críticas sobre su desenlace, la historia transmite un mensaje inquietante: el mal sigue prevaleciendo, carece de escrúpulos y no conoce fronteras, un fenómeno que se asemeja a los desafíos reales que enfrentamos con el cibercrimen.
Pero, ¿es posible trazar un paralelismo entre este fenómeno global del streaming y la realidad del delito digital? Aunque la serie no muestra explícitamente violaciones tecnológicas, hay un elemento revelador en la forma en que los datos de los participantes y los enmascarados son manejados. ¿Recuerdas el cuarto repleto de archivos de los jugadores? Ahí reside parte de la respuesta.
“La serie deja claro que gran parte de esta información provenía de los reclutados, pero también se llevó a cabo una investigación que permitió a esa corporación acceder a los detalles más íntimos de cada individuo, desde su situación económica hasta antecedentes familiares. Con estos datos, podían manipular y prever el comportamiento de los jugadores durante los juegos, un análisis que se evidencia desde la primera temporada”, explica David González Cuautle, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.
Sin embargo, lo que más ha resonado entre los fanáticos es el desenlace de la última entrega, donde no solo mueren personajes queridos por la audiencia, sino que los VIP, quienes apostaban en el juego desde un salón, logran escapar, destruyendo la isla, y el jefe se marcha a Estados Unidos, dejando pistas de la posible llegada de *El Juego del Calamar* a ese país.
“El mal no solo prevaleció, sino que también se expandió a nuevas fronteras. Esto es un reflejo de la situación actual del cibercrimen, que sigue evolucionando gracias a nuevas tecnologías. Esto ha llevado a una industrialización del delito cibernético, similar a cómo *El Juego del Calamar* se transformó en un negocio”, señala González.
Desglosando la serie desde la perspectiva de la ciberseguridad
En la serie, el crimen organizado emplea métodos que se asemejan a las tácticas de los ciberdelincuentes: utilizan ingeniería social para atraer víctimas, imponen políticas de seguridad con consecuencias letales y mantienen vigilancia constante sobre los participantes.
Desde ESET explican cómo se manifiesta el delito digital, utilizando las acciones de los personajes de *El Juego del Calamar* como ejemplos:
**Reclutamiento y phishing.** A lo largo de las temporadas, los jugadores reciben una tarjeta de invitación tras competir contra el reclutador. Los participantes son atraídos por algo que parece inofensivo, pero que es solo la punta del iceberg. Esto se asemeja al phishing, una técnica que los cibercriminales utilizan para atraer a posibles víctimas a hacer clic en enlaces que prometen “grandes premios”, solo para que entreguen sus datos.
**Políticas de seguridad.** En el juego, las reglas son estrictas: los que las cumplen permanecen en juego, mientras que los que no, mueren. En ciberseguridad, las políticas están diseñadas para prevenir incidentes. Si no se siguen al pie de la letra, se aumenta el riesgo de ciberataques, como eligiendo contraseñas débiles o ignorando la doble autenticación.
**Vigilancia de los guardias y ciberdelincuentes.** Al igual que los guardias del juego vigilan a los participantes, los ciberdelincuentes hacen lo mismo. En la actualidad, los ataques son más personalizados, ya que hay un análisis profundo del comportamiento en línea de las víctimas potenciales. Esto permite a los ciberdelincuentes identificar a quién pueden atrapar para vulnerar sus sistemas.
**Anonimato.** En la serie, los villanos ocultan sus rostros; en la vida real, utilizan VPNs y redes anónimas para proteger su identidad y evitar dejar rastro digital. A pesar de que existen grupos conocidos por realizar filtraciones de datos y ataques cibernéticos a infraestructuras críticas, la verdadera identidad de muchos permanece oculta.
“*El Juego del Calamar* es ficción, pero el ciberdelito es una realidad. Está constantemente acechándonos y los ciberdelincuentes lanzan campañas maliciosas que llegan a través de correos, mensajes e incluso llamadas telefónicas, con el objetivo de obtener nuestra información y lucrar con nuestra desgracia. Asegurémonos de que nuestro desenlace sea uno feliz», concluye González.
Con Información de osornoenlared.cl







