Sábado, 4 de Julio de 2026

Una bicicleta al sol | Desde la Región de O’Higgins para Chile y el mundo

Escrito por Manuel Polgatiz, periodista y comentarista deportivo.

Para muchos, visitar el estadio no es solo un plan de fin de semana, sino un ritual sagrado lleno de recuerdos, emociones, alegrías y tristezas. Recuerdo vívidamente aquellos momentos de mi niñez, cuando mi padre nos llevaba a mí y a mis cuatro hermanos a este mundo maravilloso, que se siente eterno y difícil de abandonar.

Regresar al Estadio El Teniente es un viaje en el tiempo que me transporta a los domingos, cuando el clan Polgatiz se reunía en la población Isabel Riquelme para caminar hacia el recinto deportivo.

Es volver a ver a mi abuelo Enrique, ese viejo “weno pal vino”, bombero de la 1era Compañía, vestido con su impecable terno gris, listo para alentar a su querida “Celeste”.

La reapertura del complejo ofrece a las familias un espacio para reconectar y compartir tras largos días de trabajo.

Es una oportunidad divina para sumergirse en los cánticos y los sabores de momentos emocionantes y otros decepcionantes.

“Sin más riquezas que una bicicleta al sol”, decía Gervasio. Este es el legado que dejamos a las futuras generaciones, que ya sienten pasión por la camiseta y quieren estar presentes el sábado frente a Audax Italiano.

Regresar al Parque y Estadio El Teniente significa revivir historias, reflexionar sobre la vida con sus dificultades, y dejar los problemas afuera, mientras compartimos con caras conocidas que durante años han estado presente.

Volver a las gradas es recordar a los “16” y a todos aquellos que partieron sin ver a su equipo campeón. Por eso, “ojalá que cuando mires a tu alrededor, no notes que la vida se te fue. Que a la hora de tu hora, no me dejen ver, el paso de los años en tu piel”.

Pongámonos en pie y recordemos los ecos del sentimiento más profundo, el lugar donde nació este amor eterno, que nos acompañó en la “noche de los paraguas felices”, que nos rompió el alma en aquella tarde ante Universidad de Concepción, pero que ahora nos reabre las puertas, recordándonos que el estadio, más allá de su nombre, es de todos, incluso de aquellos que lucharon por remodelarlo, sin recibir reconocimiento de autoridades cortas de miras.

No importa cuántas entradas nos otorguen, ni que los líderes sociales no logren controlar al lumpen, que pronto abandonen sus cargos de facto.

No importan el frío, la lluvia ni los truenos. Celebremos la gracia de volver a casa, porque aunque el destino te confunda, no hay lugar más cálido y acogedor que el hogar, con su aroma a comida casera, que no se compara a los mejores restaurantes.

Cuando ya no esté, espero que se me recuerde, que mis nietos estén bien y que, en el momento del adiós, me recuerdes como yo te recuerdo, estadio El Teniente.

Con Información de www.diarioelpulso.cl

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