Armando Miño Rivera, Periodista Independiente y Docente Universitario (Lima – Perú)
En Perú, la violencia se ha convertido en un elemento cotidiano. Diariamente, se reportan asesinatos por extorsión y sicariato en cualquier momento y lugar. El homicidio parece haber sido normalizado, como si en una democracia los crímenes formaran parte de las estadísticas. Pero no lo son.
Hasta julio de este año, más de 1,100 personas han sido asesinadas en las regiones costeras, andinas y selváticas; casi 450 de esos crímenes ocurrieron en Lima. Son cifras que deberían conmover a cualquier autoridad. Sin embargo, la presidenta Dina Boluarte sigue viajando al extranjero mientras el país enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes.
¿No le afecta, señora Boluarte, saber que en estas cifras se encuentran historias de compatriotas que han fallecido acribillados con ocho, diez o doce balas? ¿O de una niña de tres años que murió por disparos de delincuentes que deberían estar encerrados de por vida? Es difícil imaginar que, si su familia sufriera una tragedia similar, la respuesta del Estado fuera tan tibia como la que millones de peruanos reciben hoy.
La inseguridad no es una simple cifra. Es la angustia de no saber si uno regresará vivo a casa, si los hijos llegarán sanos de la escuela o si un familiar será víctima de un asalto. Lo sé por experiencia: mi hijo mayor fue atacado por dos hombres armados que le pusieron un cuchillo en el cuello para robarle el celular.
Mientras tanto, el Congreso aprueba leyes que favorecen más a los delincuentes que a los ciudadanos honrados. Y la población, que trabaja y paga impuestos, vive en el miedo, observando a una presidenta ausente, concentrada en viajes internacionales.
Señora Boluarte: el país necesita liderazgo, acción y firmeza. No más viajes, no más excusas. Perú no puede esperar.
Con Información de www.diarioelpulso.cl
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