Metropolitana

50 vecinos se la juegan con ingenio para reducir el consumo de agua.

Quilicura “apaga” la IA: 50 vecinos responden al mundo con inteligencia humana para frenar el consumo de agua

En un experimento la raja, la comunidad de Quilicura dejó de lado la tecnología y se armó un “servidor humano” con perfiles súper diversos –desde enfermeras y traductores hasta cabros chicos y viejitos-. Esta iniciativa respondió a más de 25.000 preguntas de 68 países, mostrando que el contacto entre vecinos puede ser más efectivo que cualquier tecnología que gasta hasta dos litros de agua por pregunta.

Desafiando la dependencia tecnológica a nivel global, los vecinos de Quilicura lograron reemplazar al 100% la inteligencia artificial por un día completo. Bajo la iniciativa Quili.ai, un “servidor humano” con más de 50 vecinos respondió a 25.000 interacciones en tiempo real, con una duración promedio de conversación de 12 minutos y 40 segundos, atendiendo consultas desde 68 países, incluyendo Japón, Emiratos Árabes Unidos, Finlandia y Estados Unidos.

Esta acción, impulsada por la Corporación NGEN, buscó mostrar un dato escalofriante: cada consulta a un chatbot convencional puede consumir entre 0,5 y 2 litros de agua, principalmente por el enfriamiento de los data centers. Para contrarrestar este impacto invisible, la comunidad ofreció su propia “base de datos” viva, con perfiles que una IA nunca podría replicar: enfermeras, un experto en fútbol, una traductora trilingüe, adolescentes que manejan redes sociales y abuelitos compartiendo recetas familiares.

Lo que empezó como una alerta sobre el medio ambiente se transformó en un profundo experimento social sobre la soledad digital. Entre las miles de consultas, los vecinos no solo resolvieron dudas turísticas –como si visitar Viña del Mar o el Cajón del Maipo-, sino que también respondieron preguntas sobre crianza, solicitudes de dibujos de gatos, inquietudes emocionales, e incluso consultas tan específicas como “cómo conocer a un latino emocionalmente responsable en Europa”.

Lorena Antimán, vocera de la actividad, explicó el impacto del ejercicio:“La idea no es estar en contra de la tecnología, sino entender que hay una huella hídrica detrás de cada clic. Hoy, si quiero una receta de queque, probablemente sea mejor preguntarle a la vecina que a la IA.”

Antimán también resaltó el impacto humano de la experiencia:“Esto fue una desconexión que generó conexión. Volvimos a lo básico: ayudarnos entre nosotros. Si nos duele algo, la respuesta no debería ser el autodiagnóstico digital, sino conversar con alguien real o ir a un especialista.”

La jornada arrojó un promedio de más de 40 interacciones por vecino, quienes participaron durante ocho horas continuas, sosteniendo conversaciones mucho más largas que las típicas interacciones con sistemas automatizados.

Ricardo, acuarelista y participante de la instancia, valoró el giro humano del experimento:“Con la ayuda de todos logramos dejar la tecnología de lado para enfocarnos en lo relevante, evitando desgastes innecesarios.”

Este “apagón” simbólico de la IA evidenció que la inteligencia colectiva sigue siendo insustituible. Mientras un solo data center puede consumir millones de litros de agua al día, Quilicura demostró que, a veces, la respuesta más eficiente -y más sustentable- está simplemente en preguntarle al vecino de al lado.

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Con Información de portalmetropolitano.cl

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